Petulancia

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Ella llegó de muy lejos y rompió mil corazones, lo hizo a propósito, porque todos eran hechos de un cristal inconsistente. Así que le parecía grato arrojarlos a la superficie y mofarse. Una noche desechó un corazón que encontró por albur a su paso y advirtió que, a pesar de arrojarlo en distintas ocasiones, éste seguía intacto, de pronto apareció un joven lo suficientemente apuesto a sus ojos:
–No sabes quién soy—exclamó la joven cuando este se acercó a ella.
–No y no me importa– agregó el joven con cierta vanidad.
–Soy la princesa que desmorona a cualquier corazón y he arrojado tres veces el tuyo y sigue intacto.
Es porque a mis ojos no es afable tu belleza —agregó el joven.
–Ninguno se ha resistido a mi belleza —agregó la joven sacudiendo desesperadamente el corazón gélido de aquel joven.
–Siempre existe una primera vez y deja decirte una verdad absoluta “yo soy mucho más apuesto que frágil mujer” -agregó el joven con una petulancia mucho mayor que la de la princesa.
Y entonces el corazón de la joven desmoronó y se quebrantó, era la primera vez que se encontraba con alguien más engreído que ella, el joven asió su corazón y siguió su camino sin yerro alguna.

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